El pasado terremoto del 15 de agosto del 2007 dibujó una serie de profundas rajaduras en algunas columnas de la sede central de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Pese a que más de un año ya pasó, aquellas rajaduras y la inhabilitación continúan, como símbolo de la dejadez que se viene arrastrando desde hace mucho tiempo.
La escuela no cuenta con un director general; es decir, está completamente acéfala. Impera un anarquismo total por parte de las autoridades y aquello se refleja directamente en la cantidad de veces que dichas personas con “cierto peso y capacidad para orientar instituciones” han abdicado a sus responsabilidades o, en el peor de los casos, se han pasado el cargo como teléfono malogrado.
Luego de varios escándalos y dimes y diretes entre profesores, encargados y, obviamente, el Ministerio de Educación, se recrudecieron los problemas. La bomba volvió a estallar cuando un amplio grupo de estudiantes tomó, y no por primera vez, la escuela en noviembre del año pasado. Esto era de esperarse y entenderse pues fue una impugnación pública frente a la actuación desesperadamente inoperante por parte de autoridades académicas y el Estado.
Bellas Artes es la imagen física, en miniatura, que representa al país. Esta Escuela se ha transformado en un conjunto de cofradías y recelos. Por un lado está el sindicato y por el otro la asociación, y en el medio, los alumnos. La situación es compleja y la presencia de Andrea Ramos, actual Directora de Estudios, responde a la urgente necesidad de que exista alguien que opere como intermediario.
Pero ¿qué sucede con el Ministerio?, ¿acaso no le importa que la escuela de arte más importante del país esté agonizando? Quizás estemos siendo testigos de la última oportunidad de dicho centro para volver a levantar vuelo, como en su época de antaño y esplendor.
Después de todo, en los últimos diez años no ha habido más que crisis. En el 2001 la escuela estuvo tomada por tres meses; en el 2007, por diez días. Y que no digan que estos chicos son “fumoncitos” díscolos con rabietas, ni que son reaccionarios cuyo objetivo subrepticio es una “mano roja”. Estos jóvenes son el único síntoma elocuente, coherente y realista de la institución y todo por qué: por amor al arte.
La escuela no cuenta con un director general; es decir, está completamente acéfala. Impera un anarquismo total por parte de las autoridades y aquello se refleja directamente en la cantidad de veces que dichas personas con “cierto peso y capacidad para orientar instituciones” han abdicado a sus responsabilidades o, en el peor de los casos, se han pasado el cargo como teléfono malogrado.
Luego de varios escándalos y dimes y diretes entre profesores, encargados y, obviamente, el Ministerio de Educación, se recrudecieron los problemas. La bomba volvió a estallar cuando un amplio grupo de estudiantes tomó, y no por primera vez, la escuela en noviembre del año pasado. Esto era de esperarse y entenderse pues fue una impugnación pública frente a la actuación desesperadamente inoperante por parte de autoridades académicas y el Estado.
Bellas Artes es la imagen física, en miniatura, que representa al país. Esta Escuela se ha transformado en un conjunto de cofradías y recelos. Por un lado está el sindicato y por el otro la asociación, y en el medio, los alumnos. La situación es compleja y la presencia de Andrea Ramos, actual Directora de Estudios, responde a la urgente necesidad de que exista alguien que opere como intermediario.
Pero ¿qué sucede con el Ministerio?, ¿acaso no le importa que la escuela de arte más importante del país esté agonizando? Quizás estemos siendo testigos de la última oportunidad de dicho centro para volver a levantar vuelo, como en su época de antaño y esplendor.
Después de todo, en los últimos diez años no ha habido más que crisis. En el 2001 la escuela estuvo tomada por tres meses; en el 2007, por diez días. Y que no digan que estos chicos son “fumoncitos” díscolos con rabietas, ni que son reaccionarios cuyo objetivo subrepticio es una “mano roja”. Estos jóvenes son el único síntoma elocuente, coherente y realista de la institución y todo por qué: por amor al arte.
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